Los arqueólogos señalan que los primeros habitantes de Jujuy llegaron al territorio de la actual provincia hace más de 12.000 años. Con el tiempo, ocuparon diferentes zonas geográficas, desde las tierras altas de la Puna hasta los cálidos valles del oriente provincial.

La diversidad de las culturas indígenas en Jujuy

Vasijas elaboradas por indigenas de la Puna. Imagen del Museo Arqueológico Eduardo Casanova en Tilcara

Hace 12.000 años, estos pueblos vivían de la caza y la recolección. Luego pasaron por diferentes etapas de desarrollo hasta que se organizaron en comunidades, cuya diversidad aún hoy estudian arqueólogos, antropólogos e historiadores.

Algunos de estos pueblos compartían tradiciones y costumbres, pero tenían características originales según habitaran en la Puna, la Quebrada de Humahuaca o los Valles Centrales. La diversidad cultural se reflejaba en la economía, la forma de ocupar y asentarse en el territorio y, sobre todo, en los estilos artísticos plasmados en la cerámica, la piedra y los metales.

Las comunidades andinas (aquellos pueblos que se organizaron en la zona de los Andes) solían ocupar cuevas o abrigos rocosos como viviendas transitorias. Allí, se encontraron vestigios del cultivo de plantas y los restos más antiguos de cerámica de todo el Noroeste.

Los grupos de cazadores y recolectores comenzaron a domesticar plantas (como la papa) y animales (como la llama) en un proceso largo y lento, que llevó al desarrollo de una economía agropastoril y al asentamiento permanente de los pueblos en aldeas. Allí, las casas estaban dispersas entre campos de cultivo.

Hace aproximadamente 1.000 años, se inició en el espacio andino una época de profundas transformaciones en la vida de las comunidades. Esta tapa, conocida como el período de los Desarrollos Regionales, dio lugar a nuevas formas culturales. Para entonces, las aldeas habían crecido y sus habitantes ya dominaban las técnicas del cultivo, la alfarería y la metalur- gia. Además, habían impulsado la manufactura textil de hilados de llama y vicuña, que se teñían de distintos colores, con rayas y motivos geométricos.

Los pobladores de la Puna

En el norte puneño (Yavi y Santa Catalina) habitaban los chichas. Al oeste de ellos, los casabindos y cochinocas extendían su territorio hasta las Salinas Grandes. En la zona de Susques se asentaban grupos de atacamas, originarios del lad actualmente chileno de la cordillera de los Andes.

En el desértico paisaje de la Puna, la población estaba más dispersa, debido a que su ocupación principal era el pastoreo de llamas. Cerca de Yavi y de La Quiaca las sociedades aldeanas cultivaban papa, oca y quinoa, en aigunos lugares protegidos del frío.

En Casabindo hay vestigios de arte rupestre con representaciones de figuras humanas. En sus alrededores existieron áreas bajo riego; pero los centros agrícolas más importantes estaban en la zona de Yavi y en la quebrada del río Doncellas (departamento de Cochinoca).

La Puna ofrece un hábitat ideal para los camélidos. Sus antiguos pobladores los cazaban y llegaron a criar importantes rebaños de llamas con cuya carne, salada y secada al sol, se hacía charqui. También aprovechaban la lana y el cuero.

Los Pucarás

Pucará de tilcara, convertido en una atracción turística.

Hace 1.000 años, ciertos pueblos aborígenes de la región jujeña decidieron fijar sus residencias en la cima de cerros o mesetas de dificil acceso. Así, dieron origen a los sitios fortificados llamados pucará, que no sólo tenían fines defensivos, sino también sociales y religiosos. Desde esas alturas podían controlarse los campos de cultivo circundantes y las viviendas de los campesinos en los terrenos bajos.

En la Ouebrada había varios pucarás, de distintas jerarquías. Algunos eran más importantes, como el de Tilcara, que contaba con corrales, basureros, cementerio y una gran plaza. Más hacia el sur se levantaba el pucará de Volcán. Incluso en Valle Grande, se hallaron restos de pucarás y de terrazas para cultivos.

En la Puna, el pucará de La Rinconada permitía vigilar, desde una alta meseta, el tráfico por las rutas que cruzaban la región. En la zona de Yavi, desde el pucará de Cerro Colorado y el de Pueblo Viejo de La Quiaca, se controlaba el denso poblado de Yavi Chico, lugar ideal para la agricultura.

Los habitantes de la quebrada

En la Quebrada de Humahuaca confluyeron pueblos andinos y chaqueños que, al mezclarse, dieron a la región rasgos particulares.

Hace 2.500 años, los quebradeños ya ran agricultores expertos; cultivaban más de cincuenta class de papa, además de oca, quinoa, ají, zapallo, maíz y maní. En la cueva de Huachichocana (Purmamarca) se hallaron restos de plantas domesticadas de esa época. En Alfarcito (Tilcara), en Antumpa (cerca del río Grande), o Estancia Grande (Purmamarca) hay vestigios que hablan de aldeas, con casas dispersas, habitadas por familias de igual riqueza, que trabajaban la cerámica, los metales, tejían y solían intercambiar productos con otros pueblos, incluso de lugares tan lejanos como el desierto de Atacama (Chile).

Dede el año 1000, estas comunidades experimentaron profundos cambios. Algunas personas ya sobresalían por tener mayor poder y prestigio. Las crecidas aldeas contaban con jefes: los kuracas. La economía necesitaba de grandes obras, como andenes, canales de riego y silos para almacenar granos de maíz y chuño. Los campos de cultivo de Coctaca tenían casi 4.000 hectáreas bajo riego.

Al norte habitaban los omaguacas y los uquías, que constituían una unidad; más al sur, los tilcara ocupaban la actual zona de Tilcara, Maimará y Hornillos; los purmamarcas se encontraban un poco más hacia el oeste y, en la actual zona de Volcán, estaban los tilianes.

Pisos ecológicos

Las comunidades que habitaban en los Andes tuvieron una economía muy completa, gracias a que supieron utilizar los recursos que ofrecía cada ambiente geográfico, en diferentes altitudes (pisos ecológicos). Así, por ejemplo, los pueblos de la Quebrada, que cuidaban sus cultivos y rebaños, enviaban a parte de su gente a “colonizar” las tierras altas de la Puna; se procuraban sal y cazaban guanacos y vicuñas. Otros colonos bajaban hasta los Valles para conseguir coca, miel o madera para fabricar arcos y flechas.

Los aborigenes de los valles

Los Valles Centrales jujeños fueron habitados por los osas, papayas y ocloyas, quienes vivían de la caza y la recolección; también practicaban la agricultura, especialmente del maíz.

En el amplio valle del río San Francisco, en el este de Jujuy, se asentaban, unos 2.500 años atrás, culturas que vivían en aldeas, con chozas que hoy forman grandes montículos, donde los arqueólogos han hallado numerosos restos de cerámica. En las tierras cálidas y húmedas de la región chaqueña, poblaciones nómadas de matacos, tobas y mocovies se movilizaban permanentemente en procura de la caza de animales y de nuevos territorios para sus cultivos de mandioca, maíz o zapallo.

La influencia cultural de los guaraníes fue notable en esta zona; aproximadamente hacia el año 1500, los pueblos chiriguanos, provenientes del Amazonas (Brasil) se expandieron hacia las laderas boscosas de los Valles Orientales.

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