Los Derechos Humanos y la Filosofía de la Irresponsabilidad

¿Las políticas de Derechos humanos aseguran dar dignidad a las personas o mas bien se la arrancan junto al sentido de responsabilidad, de independencia y autonomía?

¿Cuándo sucedió que nuestro mundo se olvidó de las obligaciones solo para pedir derechos? ¿Cómo fue que la sociedad está convencida de que sus problemas deben ser resueltos por otros?

Un derecho es la forma de legitimar que una persona acceda a un bien o servicio pero por cuenta propia, no para obtenerlo gratuitamente mientras otros pagan la cuenta. No debería ser una cuestión de financiamientos por terceros. Para que algunos tengan el derecho a recibir casa, aborto, asignación por hijo o lo que sea otro debe pagarlo con impuestos y a ese otro se le niega el derecho a disfrutar del fruto de su trabajo, de su dinero, de su esfuerzo. Cuanta perversión!! Quitarle dignidad a un sector para dárselos a otro que ni si quiera se esforzó por alcanzarlo.

“Es que debemos ser solidarios para construir la igualdad” diría algún político populista. No hay solidaridad si se ayuda bajo amenazas y presión tributaria, y con este mecanismo enfermo sólo logramos la igualdad negativa, donde se iguala hacia abajo y quedamos todos igualmente pobres.

Mientras más políticas solidarias tenemos nos vemos más rodeados de decadencia. Llevamos décadas experimentando con la solidaridad, la distribución equitativa, la justicia social y los derechos humanos ¿Y que logramos? Más  pobreza, más miseria y más ruina. En el Chaco y en África siguen habiendo niños que mueren de hambre. La solidaridad y los derechos humanos son solo un slogan de moda, un cliché, un hashtag en las redes, no una solución definitiva a los problemas que vivimos como humanidad.

¿Filosofía de la irresponsabilidad?

Sí. Es eso. Cada vez que una persona exige derechos termina solicitando que un intendente, un diputado, un presidente le otorgue un bien o un servicio sin esfuerzo ni sacrificio, siempre responsabilizando a otro por sus propias cuestiones y convirtiendo en ley esta forma de conformismo. La política de derechos humanos es la maquinaria de legalizar la irresponsabilidad y la dependencia. Nadie puede negar que El Estado ofrezca Derechos a cambio de obediencia a sus principios.

¿Cómo fue que como sociedad nos volvimos menos responsables y más dependientes?

Los derechos humanos, dignidad y meritocracia

Según la UNICEF Los derechos humanos son “normas que reconocen y protegen la dignidad de todos los seres humanos” y según mi manera de pensar no hay ninguna dignidad en hacer que una persona viva a costilla de otro que le cumple ese derecho. Acá es donde arranca la batalla contra la meritocracia, este es el asidero de personas que odian el esfuerzo y la capacidad por que esperan que otro le solucione sus problemas, donde los devotos a la religión del estado defienden las facilidades dadas por los políticos que lo representan sin importar que estos sean bienes y servicios públicos de pésima calidad.

Los derechos del trabajo mezclados con cupos laborales son otra escuela de lucha antimeritocracia. ¿Dónde se vio que alguien sea contratado solo por portar un pañuelo o una adhesión a algún colectivo de género? Basta y sobra poseer un curriculum que demuestre capacidad, competencia y profesionalización.

¿Tenemos necesidad de vivir seguros sin ser asaltados ni asesinados? Sí. Pero los derechos son para proteger y amparar delincuentes y asesinos, tanto nacionales como importados, no para la gente de bien. Las necesidades son contempladas según si representan alguna importancia electoral, no para darle dignidad de verdad a los ciudadanos productivos.

Feminismo: la dependencia masoquista

“Donde hay una necesidad nace un derecho” decía Eva María Duarte, transformándose en un slogan de las políticas populistas generadoras de miseria y caos en nuestro país. Un caso patente de esto son los inútiles e inservibles derechos relacionados al movimiento feminista y de género ¿A cuántas mujeres han salvado estas ideas? Solo a la interminable lista de funcionarias metidas en el ministerio de la mujer que cobran sus abultados sueldos, las demás solo defienden una postura llena de contradicciones infantiles y falacias de cartón.

Antes de pedir el derecho al aborto legal, seguro y gratuito financiado por el macho violador llamado Estado, deberían ser lo suficientemente responsables para decidir sobre sus propios embarazos, en vez de responsabilizar a otro por las consecuencias. No señores. El feminismo en nuestro país no es un movimiento cultural ni revolucionario en defensa de la mujer, solo es militancia zurdo-kirchnerista, militancia que con slogans tales como “Mi cuerpe Mi decisión” solo terminan generando mujeres dependientes del estado al que denominan “Opresor”, pidiendo a gritos el auxilio del patriarcado para que se haga cargo de sus abortos, sus decisiones inmaduras de embarazarse, todo un festín de sororidad y políticas que no ayudan ni ayudara nunca a nadie. No importa cuántos pañuelos de colores existan ni cuantos banquitos rojos inauguren, la violencia socio-familiar hacia la mujer sigue allí, intacta, incólume.

Los Derechos Humanos y la decadencia moral en la sociedad

Este mundo con el discurso internacional de los derechos humanos está olvidando que los derechos están acompañados de obligaciones, de responsabilidades y deberes a cumplir, convirtiéndose en una auténtica forma de parasitismo donde la gente encuentra justificación a su mediocridad e irresponsabilidad. Piden derechos pero no trabajo, piden ayudas pero no producen, piden asistencia pero no aportan a la economía.

Los derechos no están para favorecer a las minorías oprimidas, sino para privilegiar a las mayorías inoperantes, mantenidas y conformistas. Es inviable un país donde la mayoría espera que la minoría se haga cargo de sus vidas, sus gastos y excesos.

Querida sociedad, basta de pedir derechos, empecemos a hacernos cargo de nuestros propios problemas y a bancarnos las consecuencias de nuestras propias decisiones! Los únicos que se benefician de estas políticas humanitarias y altruistas son los que dicen cuidarnos, solo ellos se enriquecen. Peor aun. Atan a las personas a depender de ellos a cambio de obediencia y servidumbre, quitando así la dignidad que los derechos deberían proporcionarte.

Si como sociedad no cambiamos estas actitudes de irresponsabilidad hacia la vida y la realidad estamos sentenciados al fracaso como humanidad.

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