Los pueblos jujeños fueron libres e independientes durante 9.000 años.

Desde el siglo XV, sufrieron la dominación de dos grandes y poderosos imperios: Primero el de los incas, con quienes mantenían comunicaciones y compartían pautas culturales. Luego, los españoles, cuya dominación enfrentó a dos culturas diferentes.

Los Incas llegan a Jujuy

Los incas, que tenían su centro de poder en Cuzco (Perú), formaron un imperio que se expandió hacia el norte, hasta el actual Ecuador y hacia el sur, hasta el centro de Chile. Esta expansión, en algunas ocasiones fue pacífica y se desarrolló a través de pactos con los kuracas locales, que aceptaban pertenecer al imperio. Otras veces, cuando los pueblos se resistían, el rey inca enviaba a sus guerreros a someterlos por la fuerza.

El reino de los incas fue el más grande de América, llamado Tawantinsuyu, dividido en cuatro provincias (suyus) conectadas al Cuzco por una extensa red de caminos. Los incas impusieron su lengua, el quechua, a los pueblos dominados.

Entre 1430 y 1480, los incas se expandieron hacia el sur, posiblemente en busca de metales como cobre, plata y oro. El Noroeste argentino tenía una rica tradición metalúrgica; se fabricaban objetos de prestigio y de adorno, como topus (broches) y también hachas y cuchillos.

En su expansión hacia el sur, los incas conquistaron el reino de los kollas, al sur del lago Titicaca. Las matanzas que se cometieron durante esta invasión probablemente hayan tenido la finalidad de constituir una advertencia para los pueblos del sur. Desde alli, el Inca Pachacuti (emperador inca) envió a sus hijos a dominar la región de los chichas.

Una vez que lograron someter a los pueblos de la Puna y de la Quebrada, los incas establecieron su propio régimen en el territorio, con la constitución de la provincia de Kollasuyu. Algunos investigadores creen que, en Jujuy, la dominación incaica fue pacífica, es decir que se concretó mediante acuerdos entre el Estado inca y los kuracas locales, quienes, aun subordinados al imperio, conservaron su jerarquía y sus
dioses.

Túpac Yupanqui, décimo soberano del imperio Inca, fue el responsable de la invasión a los pueblos originarios del noroeste argentinos.

Los Incas y los pucarás

Los incas ocuparon los pucarás ya existentes; allí cobraban los tributos (impuestos), almacenaban productos locales que luego llevaban a otros sitios, y vigilaban los caminos.

Algunos pucarás, como el de Tilcara o el de La Rinconada, fueron centros poblados, donde había talleres de artesanos locales que pertenecian al Estado inca y estaban supervisados por sus administradores; allí se elaboraban adornos, joyas, tejidos y artículos de cerámica y metal. Otros, más pequeños, eran sólo puestos de vigilancia, como el pucará de Perchel, en la Quebrada de Humahuaca.

El camino del Inca

Para llegar rápidamente a cualquier punto del imperio, los incas tenían una amplia red de caminos, símbolo de su poder estatal.

En el actual territorio de Jujuy, utilizaron muchos de los caminos ya existentes, a los que les agregaron calzadas, escaleras, cercas y señales de madera o piedra.

Los caminos los usaban las tropas para desplazarse, los chasquis, los administradores del Tawantinsuyu que cobraban los impuestos, y el propio rey inca con su comitiva. El resto de las personas no podían usarlos, salvo que tuvieran autorización del Inca o de sus emisarios.

En la Puna y la Quebrada quedan muchos vestigios de estos caminos y calzadas.

Además, construyeron caminos para acceder a los Valles Orientales y a distintas zonas productoras.

Los tambos

Los tambos (tampu) eran paraderos y albergues ubicados a la vera de los caminos. Los incas construyeron un tampu cada 20 o 25 kilómetros, que era la distancia que podía recorrerse en una jornada.

Había tampu de distintas importancias: los más grandes tenían depósitos, corrales y edificios para alojar a los funcionarios y al mismo Inca. Otros, más pequeños, estaban destinados al descanso de los chasquis o correos del imperio y a aprovisionar a las caravanas de llamas.

En Jujuy existen aún muchos restos de tampu. En la Puna, en Calahoyo se encuentra un tampu real; bajando por el Camino del Inca, está el tampu de Queta Viejo. Cerca de La Quiaca, el tampu de Toroara y, en los valles, el tampu Chasquillas.

Centros ceremoniales

Los incas aportaron nuevas creencias religiosas, relacionadas con la adoración al Sol y a los cerros. Así, levantaron altares en los ceros más altos, donde hacían ofrendas y realizaban las ceremonias más importantes.

En Jujuy, se descubrieron centros de culto en lo alto del Cerro Chañi, en el Cerro Chasquillas, en el Cerro Amarillo y en el Cerro Morado, junto con los correspondientes caminos de acceso y los tampu del trayecto.

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