Cuando los españoles llegaron a América, comenzaron por colonizar las zonas más ricas de México y Perú, donde existían importantes imperios aborígenes, como el de los mayas y el de los aztecas. De alli se expandieron por otros territorios y sometieron a los pueblos que los habitaban.

Así comenzó un largo proceso de conocimiento de ambas culturas, muy diferentes entre ellas. También se inició la resistencia indígena, que tuvo distintas duraciones según la región.

Con la conquista española, apareció una nueva categoría social: la del “indio”. Los aborígenes americanos estaban organizados según sus diferencias culturales, políticas y lingüísticas; sin embargo, los españoles unificaron estas diversas culturas bajo el rótulo común de “indígenas”.

¿Que trajeron consigo los españoles?

Junto con los españoles llegaron a América determinadas enfermedades; algunas de ellas, como la gripe, eran desconocidas en América. Como los nativos carecían de defensas naturales contra ellas, se propagaron rápidamente en forma de pestes que llegaron a Jujuy incluso antes que los propios españoles, y provocaron numerosas muertes entre las poblaciones locales.

Los conquistadores aportaron también animales y plantas que no existían en América. Pronto las vacas, caballos, ovejas, cabras, cerdos y gallinas convivieron con las llamas. Algunos de estos animales llegaron a Jujuy antes de la fundación de la ciudad; habían entrado desde el Tucumán, robados a los españoles o simplemente abandonados por ellos.

Con la introducción de nuevos cultivos, como el trigo y la cebada, también aparecieron nuevos instrumentos de labranza; el arado fue la herramienta más incorporada por las poblaciones andinas. Los españoles, a su vez, debieron aprender a utilizar los cultivos tradicionales americanos, como maíz, papas, ají y habas.

Entradas españolas en territorio jujeño

Los españoles llegaron a la región de los Andes en momentos en que acababa de morir Huayna Cápac, el soberano inca, y sus dos hijos, Atahualpa y Huáscar, se peleaban por la sucesión al trono. Como gran parte del imperio incaico estaba formado por pueblos conquistados, algunos de ellos apoyaron a los españoles, pensando que así recobrarían su independencia.

El español Francisco Pizarro y sus hombres aprovecharon esta oportunidad para sorprender y apresar al Inca Atahualpa. Así, en 1532, tomaron posesión del Tawantinsuyu en nombre de la Corona española y pusieron fin a la independencia política de los pueblos andinos.

Pizarro pone en cautiverio al Inca Atahualpa. Dibujo de Felipe Guamán de Ayala.

Los nuevos conquistadores consideraron a los aborígenes como “vasallos del rey de España”. En algunos casos, entregaban a poblaciones aborígenes a un encomendero que era un español encargado de recaudar los impuestos y, a cambio, debía brindarles protección y evangelizarlos.

Las poblaciones de Jujuy fueron repartidas en encomiendas, mucho antes de que los españoles llegaran a la zona; estos repartos se realizaban desde el Alto Perú o el Tucumán.

Los primeros españoles que exploraron las tierras de Jujuy

El primer español que pisó territorio jujeño fue Diego de Almagro, en 1535 atravesó la Puna hacia el sur, en camino hacia Chile. Las crónicas cuentan que una avanzada de la expedición de Almagro exploró el valle de Jujuy donde debió enfrentarse en combate con los aborígenes. No obstante, los conquistadores sólo permanecieron en la región el tiempo necesario para reponer fuerzas y obtener alimentos.

Ocho años después, Diego de Rojas Ilegó desde el Perú para explorar estos territorios. Siguió el mismo camino que Almagro, pasando por Casabindo y Cochinoca y bajando hasta el valle de Salta. La expedición de Rojas no tenía fines coloniadores, sino que su intención era más bien recorrer la vasta geografía existente entre Chile y el Río de la Plata.

La tercera incursión española en tierra jujeña la realizó Núñez de Prado, quien tenía órdenes de fundar ciudades en la zona llamada “del Tucumán”.

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